Ave Lucía
Sacado del diario ADN de anteayer, su edición impresa nos ilustraba ...
...mediante el fluido verbo echeverriano de lo muy en boga que están los años ochenta del siglo pasado, lo que a ella, artículo determinado femenino singular en mano, le permite escuchar las más siniestras canciones de Wassily Kandinsky y sus coetaneos.
Uno tiene la esperanza de que esta señora sea sólo un mal sueño literario, pero no, ella sigue apareciendo con la luz del Sol. Incluso de noche: una vez ahí estaba, una borracha desparramada sobre el suelo de la Plaza Mayor, cayendo al suelo desde lo bajo de una silla, a la vez por los dos lados. Y tiene un local no lejos de donde yo vivo, donde supongo que invitará a beber a sus negros.
Me gustaría tener la valentía suficiente como para ir y quemar el local. Y sobre todo me gustaría que no me pillasen. Estaría bien ver como arde aquello y saber que ni un sólo libro o, al menos, ni una sola línea trabajada, ni un sólo logro estético o estilístico, ni una idea novedosa u original arderá alli. Estaría bien prender la mecha y que me diese tiempo a bajar a casa y acostarme y ver salir el humo de tan hermoso fuego de camapmento, como sube la columna enrosacada de humo salomónico, completa la vertical de la ventana y yo, bajo la colcha, dejo de mirarla y me pongo a leer a Bukowski o a Céline, que para el caso sería lo mismo: algo bueno.
¿Y si un día Lucía, Ave Lucía que ya ha dado al mundo el fruto de su vientre, tuviese a bien contratar un negro que supiese escribir, que no tuviese el cerebro innundado de sustancias y una pipeta de crack por diccionario? Entonces quizá la firma Lucía Echevarría sirviese de pie a artículos acertados, a pronombres sustanciosos, a sustantivos emotivos y adjetivos con peso específico. De cabecera a libros de idem.
Aquí, sin embargo -en el mundo real- lo único específico relativo a Lucy son los diamantes que -¡diantres!- páganle por semejantes mierdas. Y -¡témome!- sirven igual sus mierdas de libros de cabecera.
Lucía en el cielo con diantres. Lucy con su tasca boite moderna guai. Echevarría en su pabellón de espejos.
Y yo, lo más lejos...


